jueves, 15 de septiembre de 2011

Los sueños en la montaña(fragmento navegante)

Quizá el eco de la noche te haga ver como se desdobla tu espíritu y el mío, piensa desde la cima de ultima gran espalda de la estribacion, donde el pasto es ralo y las piedras se confunden con su manto gris Pardo, los tonos de noche se pierden el viento gélido, mira al cielo con la mirada herida por el gélido viento, no has visto tu sombra tras la luna, ni el ocaso tras las nubes, te has perdido al navegar, esa no hermano, piensa el navegante mientras cubre su rostro del viento del norte.

Es probable que no te vea nunca mas, hasta siempre, pronuncia en tono imperceptible, mientras se va perdiendo en un profundo sueño.

lunes, 12 de septiembre de 2011

crucifica mi corazon.

Siento las nubes apelmazadas a mi derredor, siento el frio abrazador de la tarde, el aire cortante que sin demora ni congoja aflora en la sangre derramada, la cual se va secando derredor, como una gran grieta de donde se desprenden las moleculas silencisas una tarde de verano.

Veo la purpurea inflamacion que como crin se balancea y muere en el fondo de la tarde cuando siento las sombras en la tarde que toman la verdadera forma de mi corazon.

martes, 6 de septiembre de 2011

Fragmento (navegante actualizado)

Por un momento el navegante se siente naufrago en medio de la batalla contempla las flechas que zurcan los cielos, rinde sus respetos con la mirada a los caidos en batalla como si esta fuera la primera, entre los extraños silencios que se funden en el corazón aparece el dolor el cual le invade mientras el mandoble danza en el aire a toda velocidad. El frio del acero le recuerda tiempos remotos, sus ojos se llenan de batallas llenas a la distancia, el escudo se levanta en la oscuridad como defendiendo sus sueños, atacando cuando es necesario.

Luces cruzan el cielo, golpeando vivamente la tierra aqui y alla, delgados hilos brillan entre las nubes, su forma se interrumpe por las sombras que le toman de trayectoria, como naufragos saben que ya no hay vuelta atrás, serpentean en el aire, los cascos como penachos relucen en el fuego de desciende del cielo apelmazado de nubes de batalla.

Crea trinos casi goturales que invaden los rincones honostpitos del valle, por momentos el viento humedece las tierras en forma de lluvia toma fuerza creando espejos de oscuridad.

El navegante extiende su escudo mientras corre entre los arboles como arma de doble filo,

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