miércoles, 20 de agosto de 2008

espuma granada

En el centro vertiginosas corrientes se trazan sin crear círculos perfumados, crean espejismos azabache, quizá así se podría recordar

martes, 5 de agosto de 2008

Estelas de menta

Nota: gracias por sus comentarios es grato saber que
alguien gusta de lo que hago, para ustedes publico este.
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Resumen: Habla del caudal de emociones que se
Generan en 60 min de la vida de un individuo
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El leve bramido del animal metálico se tornaba confuso, de tal modo que la manada ahora distante de a poco se definía, ¿cuál sería la sorpresa que daría? Quizá daría paso a un acto circense, los afluentes no bastaron para divagar en ello pues fue tal el bramido que llenó aquel espacio hasta sus entrañas, mientras la mañana se tornaba en mediodía y él, ya avanzaba lento casi como un peregrino extenuado. Cada minuto con treinta y ocho segundos la ligera sonrisa se desdibujaba de sus labios. Cada quince minutos una pastilla de menta jugueteaba entre sus dientes y se deslizaba entre los labios. Enseguida, estiraba las piernas.
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Instantes después se vio inmerso en sus pensamientos. Ahora cortante, ahora fría; pensó, un segundo más en el tránsito de aquella mancha asfaltada, la vio como una mujer que ese día se escarcharía, pero ahora no se encontraba entre sus afiladas garras…
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Su mascota era una vieja ave, la cual, silbando aterrizó en sus manos, entre tanto el vacío que se haya tras el sonido lo llenaba todo. Poco a poco y en marcha ralentí se balanceaba la breve figura, se le coagulaban las ideas en su frenético andar, decidido… aspiró 2 veces, entonces, volvió el bramido, que a la distancia se indefinia. En un golpe de definición, figuras extrañas salieron de sus entrañas, bramó y lo volvió a hacer, el tercer bramido precedió a su vertiginosa carrera para no volver. Tras la estampida sus ojos se clavaron en el espacio que le rodeaba, bajo el tema blanquiazul se descomponía el humus entre mares de esperanza, entre tanto la resequedad de los labios actuaba como pegamento que no terminaba de secar, pues cada que se acercaban, su dejo, le impedía mantener la boca cerrada.
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En el horno trapezoidal no se terminaba de cocinar el anhelo, ahí el vacío hacía hincapié. De vez en vez agachaba la mirada, casi por accidente se dedicó a cazar sombras bajo el sol del mediodía; buscó entre ausencias y sólo el tropel de rumiantes eclipsaron al sol, de esta manera, se anunció el fin del invierno. Enseguida, la sentencia cayó en el autor del tímido pensamiento, que por éste fue acusado de alta traición. Acto seguido, sacó su escopeta y emprendió la caza de sombras, de entre ellas la distancia enmarcó un breve saludo, una amable plática, ¿a dónde? Y su reverso, entran en el visceral camarote, el cuerno se hace omnipresente, ahora todo cambia de color mientras danzan en las aguas en reflejos amarillo claro, blanco titanio, blanco travieso, blanco angelical; el aire con fuerza sopla y se mezcla con el almizcle, un denso frío es invocado, el caldo de cultivo viene y va entre estatuas que se tallan y reconstituyen una y otra vez, de entre vagas transparencias surge un golpeteo que recorre el casco para convertirse en chillido, en un golpe de aire se detienen la respiración y el andar desaparece, la intermitente presencia de la luz decolora la manada, que al asecho sentíase por una jauría de depredadores, los cuales irremediablemente hacen necesaria la búsqueda de refugio en los confines del subsuelo. Así, dejan estelas de claridad. En la traviesa negrura se sostiene el aire; escalofríos asaltan a la manada, tiritan en la inmensidad y silenciosos lagos se perfilan de madrugada…
¡¡¡Buenos días a todos!!! Dice una voz desde los confines de la mente. La estampida a lo lejos se anuncia y el camino amarillo se torna en el suspensivo ir y venir, en cada carámbano se recrea la pregunta que busca la misma necia respuesta: who? De entre valles y florestas recuerda que la primavera se eterniza antes del doce de marzo —hace dos de ellos­— y cada nueve se recrean matinales figuras entre cortos trazos y con cada filamento el recuerdo del invierno deja a su paso añoranzas que otrora desencuentros marcaron y cuyos ecos cambiantes recrean mares rojos y verdes, ahí y solo ahí… se puede estar libre de viajeros y ambulantes.
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De golpe, a la nariz entran olores que se entremezclan una y otra vez, ambulantes y habitantes deambulan, en cada filamento, la necia pregunta deja de crisparse; sin embargo, se mantiene latente, se retuerce y se seca… en ese momento saca un plato, toma un gotero y vacía en el 1138 gotas de desesperanza, así se cuenta el tiempo en adelante, piensa en contar las gotas transcurridas desde el primer bramido del día, pero cae en cuenta que no tenía sentido cambiar toda su vida en un antes y un después, que quizá, sólo para él, sólo signifique que solo está y que solo opacaría lo que el destino solo le proveyera. Comenzó a dudar, mientras pendía de un hilo la certeza de la cual el ombligo es mundo; entonces pensó en el pasado, ese histórico que es mencionado pocas veces en los libros de texto, ese que de blanco se viste y galopa cada que se rememora. Así remonta en frenética estampida hacia los 4 caminos, cansado se detiene en el panteón para tomar guayabas y tamarindos, ve a Hidalgo y le reta en la matatena. Toma 3 chabacanos cuando decide retirarse así y termina por ganarse una cruz de chocolate.
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El balanceo de la manada le alcanza cuando salen en tropel, huye para ponerse a salvo en busca del horno que le dio cobijo, recuerda una frase y una oración, ahora gasificadas entre dejos de alegría y entripados mala cara, asi una idea que se revuelca en su miseria y la falta de personalidad burlonamente recrea lagunas entre su reflejo, valles y florestas. Saca nuevamente su plato sin fondo y cuenta 2266 gotitas, saca su mascota, piensa en escribir un mensaje, acto seguido los recuerdos en V le asaltan, toma asiento mientras que ve como surcan el viento, contempla por un minuto el vacío interior, levanta la vista, ve el tránsito y crea marejadas de autos que surfean por la cuidad, piensa en su bella desalmada ahora sucia, tormentosa, ventosa, tan gélida y desgarradora que cualquier intento en ella termina en abulia, recrea escenas mientras sonríe y repite para sí; “…no eres tú…”; piensa en los llagosos dedos de la bella pordiosera, en su frío glacial acompañado de miradas cortantes, en sus desfiguradas facciones, ve derredor y el corazón se le alegra, para sí dice: “…hay no..., …”; se sacude el pensamiento, lo toma, lo dobla y voluntariamente lo lanza al camino de los rumiantes y burlonamente dice: “…muere…”, mientras lo haya entre los rumiantes. Acto seguido una pareja de gaviotas visiblemente ansiosas se sientan a su lado, parecen esperar más compañía, la cual no tarda en arribar. El tiempo indiferente le recuerda que necesita 1 dejo de esperanza para darle de comer a su mascota y así escribir un mensaje que llegue a su destinatario, piensa en las próximas 1138 gotas mientras guarda su mascota, escala el muro en busca de esa esperanza, se mueve en varias direcciones y en ninguna a la vez; corre, regresa y rapelea para ir al trapecio nuevamente, saca su mascota, le habla al oído, con leve extrañeza como no queriendo partir la resignada ave le responde: “…ok, va pero me debes un festín, más horas de sueño y en las próximas 72 horas te entregaré un pliego petitorio…”; le responde: “.. está bien, se hará tu voluntad, pero con premura y sin sosiego emprende el vuelo.” Del bolsillo saca nuevamente el plato sin fondo y el gotero, lo mira fijamente, teme voltearlo y soltar una marejada, la estampida avanza lentamente mientras ve en ella su reflejo y éste a su vez le provee de carámbanos; de improviso llega el ave que por costumbre mal aterriza mientras silba. A veces piensa que si prestara más atención al aterrizaje y silbara menos otra historia sería, pero no sabría si va o viene, pues se pasearía sin rumbo fijo, pero en definitiva preferiría que cantara en lugar de silbar, pues en sus cuerdas vocales habita un amplio espectro vocal. Ya en mano le da un poco más de esperanza, mientras el ave le responde: “ya quedó, ahí te ves”; deja de pensar en las gotas y cálidamente gira en su pecho una sensación indescriptible, se reconforta con esa breve salida, no se atreve a preguntar lo que vio, del otro bolsillo toma la cruz de chocolate, la saca de la envoltura y se la da en pedacitos a su mascota, escucha el bramido, ve la floresta mientras avanza un grupo de sicilianos a la mexicana los cuales avanzaban con sus hachas forradas de piel, mirada altiva, tórax de bisonte y su arma casi secreta, parte fundamental de su valor intercultural.
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Nuevamente se levanta, ahora más enfadosamente con sus pies de plomo, atraído por el breve reflejo rojo y negro, cada comisura le recuerda a Lynch, el vacío desparece cuando ve el aire que le compone… Vital droga (murmura), donde se encuentra la más trillada y prismática forma, mientras recuerda una letanía que años atrás leyó… en los confines de su mente:, madre de la iglesia, madre del Flying Spaghetti Monster, madre sin mancha, madre admirable, madre indigna de veneración, espejo de la injusticia, torre de babel, droga piadosa, droga de la divina gracia, droga del buen consejo, droga del buen diseño.
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Si “él” es supremo, poderoso, seguramente también tiene sentido del humor —piensa mientras ríe—. Cuando voltea y ve animales de descarga, los cuales llevan más de 49,478 mil gotitas en el mismo lugar, se detiene para ver con gracia sus vacías ataduras… 4 zopilotes atraen su atención, ve sus afiladas uñas que añoran carroña, aguza lo mas que puede su cansada vista mientras piensa en el camino de regreso y lo guarda para sí. Imagina esquemas multicolor, toma 3 tonos, con ellos reviste su frágil crisol, mientras juega en el jardín de su comprensión, juega a que busca un tulipán, juega que lo nombra, juega que lo desdobla de su mente, dobla cada palabra, recuenta cada pedazo de su ser que está dispuesto a invocar, llena su cuadro de la más fatal claridad: 9 meses por minuto, 9 de absurdo, 9 de perdido repensando en el absurdo hueco que dejó en vísperas de su necedad entre fulgores de presencia, esencia e impaciencia, con su más vaga e inconclusa obstinación… párvulos y nevados senderos que dejó por tomar la bifurcación que le llevase de nuevo al camino que 9 veces dejó, aun si fuera 9 veces más difícil retomarlo habitando en cualquier región, sin más justificación que su polar sensación.
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Se le alegra el corazón en su tardía reacción, no sabe si levantarse o reír, lento nerviosismo que no le deja de recorrer, da un abrazo tardío en alegría y emoción, como viviendo a 2 tiempos: el de la razón y el de su caprichoso corazón que anhela la más pura emoción…
a Nayeli de los Ángeles Mastretta

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