lunes 9 de noviembre de 2009

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la dicha se va en tantas formas

martes 6 de octubre de 2009

el super star

Los colores tañían sobre los muros de estilo renacentista, por instantes los brillos opacaban la visión y las voces tomaban otro sabor, en su repentina cantaleta eres el único.
Barrotes de metal se levantan cada 10 metros y al extremo derecho una luz azul resalta, voces por doquier hacen ruido tal que aturden, lentamente tomo conciencia de los 65 metros que he avanzado y de las manos de halan de las mías. De golpe el oscuro bastidor termina en una ridícula luz amarilla que guía a los afortunados a través del camino.

Las calles iluminadas cobijan a bufones y escoltas reales creando un aire devoto
- ¿De donde salieron estos infieles?- pregunto para mis adentros sin hallar respuesta

Reunidos en unos pocos espacios los cortesanos se separan de los simples mortales por una mesa y las escuetas hojas parece que firman autógrafos.

De cuando en cuando los cortesanos son asediados por pequeñas compañías. Me muevo entre la muchedumbre y en algún espacio distingo a un curioso personaje ataviado de oro y plata, galante como solo el en una capa corta que a los costados cuenta con orificios que hacen las veces de mangas, un chaleco con olanes grandes como solos ellos, el pantalón corto grita a los 4 vientos que su portador es inocente y los mallones que gritan les alejen de la capital pena de ser soportados por los botines dorados… el cetro hace juego con este fugaz conjunto, mientras sonriente el portador de tan audaz voltea y lentamente le reconozco, de mi garganta una pregunta surge…Andrés ¿por que vistes así?
Se aproxima lo más que puede y al oído me dice:
No tenia más ropa limpia, la mandare a lavar al fin que el papa paga

viernes 11 de septiembre de 2009

el navegante (fragmento)

Una lluvia de perseidas surca los cielos, mientras una barca navega en el viento septentrional, en esta barca un hombre de plata y azabache extravía en el horizonte la mirada, una suave llovizna cubre el remanso del valle, el septentrión arrecia trayendo consigo la mirada del solitario navegante... con un veloz movimiento extiende su extremidad derecha aprisionando la soga y apoyándose en su talón izquierdo jala la soga haciendo virar la embarcación, aún con la soga en mano se sienta mientras flexiona el brazo izquierdo y con la mano le indica a la capucha el camino hacia su cabeza, vuelve su vista al horizonte, observa por un instante el océano en su vasta inmensidad antes de perderse en taciturnos pensamientos.
-El tiempo apremia... «es nuestra única oportunidad»-
Bajo la barca, el reflejo de las perseidas se ocultan y transcurre lentamente el tiempo, la luz menguante recorre los mares hasta posarse en la embarcación provocando en esta un ligero fulgor plateado que se posa en el mentón del navegante, lentamente avanza hasta reposarse en su mejilla izquierda antes que se desvanezca en el susurro del viento entrecortado y el murmullo de las olas cuando acarician las formaciones rocosas creadas en la boca de un estrecho, ahí... donde el agua dulce y la salada se funden, ahí... donde abruptamente se torna profundo lecho marino, ahí... cuatro formaciones se yerguen disminuyendo el intempestivo encuentro de las aguas.
El navegante jala de otra cuerda ubicada en el piso y a paso lento a embarcación se eleva, la luna aún posada en esta la torna a la distancia en plata y ella al navegante, a su paso deja una estela de agua que resplandece a la luz de la luna. Con su vista en el horizonte el navegante se une a la luna a la espera del renacimiento de la luz.
De madrugada una espesa niebla le acompaña, paulatinamente arrecia el viento haciendo virar la barca, continuamente el navegante recupera el rumbo halando de la cuerda, conforme avanza, la neblina se torna más densa hasta impedir la visión más allá de la proa.
-¡Asper!- invoca mientras amarra las cuerdas y se dirige a la proa «que el vaho de Ation desaparezca» susurra al estremece, disminuye la velocidad de la embarcación, de su bolsillo saca una piedra de cantos irregulares, la ante pone a la luz del sol. Un destello le indica la ubicación del norte, aguza la vista y logra ver destellos menos intensos con los que procura ubicar el resto de los puntos cardinales. La escasa visión le obliga tomar un puñado de polvo de su bolsillo, extiende su brazo, abre su palma y el leve roce el viento lo dispersa en forma de rosa invertida

-¡Asperdian!-dice mientras desanuda las amarras y retomar el control del timón, las jala con su mano derecha al tiempo que apoya la pierna en la cubierta, con la pierna izquierda se apoya en el mástil, con el brazo izquierdo abraza el timón empleando su cuerpo para hacer que vire y se eleve a mayor velocidad. El brusco movimiento hace que se ladee, contempla el velo, la humedad termina por condensarse en la obscura cabellera, al frente todo se torna oscuro, a paso ecuánime la barca se eleva, obligándolo a incrementar el ángulo, se sacude con ímpetu, los sonidos se entrecruzan, el timón se rompe y el mástil termina por fracturarse, el navegante termina por perder la conciencia.
Si el velo se disipara lentamente, permitiría ver las laderas rocosas del extremo Oriental del Ation, los tonos verdes, marrones y azules forman parte de la barrera natural que protege la ciudadela Io. A las faldas del extremo oriental se encuentra una playa de granito pulido, (por ende concentración de aire salado y calor dificulta la respiración) el granito se eleva desde la playa 200 metros en su punto mas alto de esta cordillera. El calor despierta al navegante, reacciona bruscamente, el crujido de la madera lo detiene, ve a sus costados, mira al cielo entrecerrando los ojos para percibir mejor.

-Maldición... –mientras recarga su cabeza en los fragmentos del mástil al instante que cierra los ojos, estira la mano ase un guaje, bebe de este, lo cierra y le amarra a su cintura lentamente toma un fardo y de a poco se arrastra hacia la proa, mira por el borde, encuentra una roca para colocar el fardo, se sujeta con fuerza de la ladera para descender de la barca, toma dos escudos ubicados a cada lado de la proa, une los escudos, se coloca el fardo en la espalda anudándolo al frente, lentamente avanza de cara a la pared, el calor y la humedad inhiben sus reflejos. El andar de cara a la ladera hace que de a poco la piel se le impregne de desesperación, así se hidratan los miedos, el aire se coagula, en la humedad el camino de piedra parece desvanecerse.
Conforme avanza a su encuentro sale la vegetación, primero hierba seca, ramas lampiñas, troncos desnutridos y secos, poco después pasto, que se hace acompañar por arbustos, los cuales llaman a los árboles de denso follaje, lentamente el paso se torna más amplio hasta llegar a una cornisa, para después volverse nuevamente estrecho, bifurcándose para desaparecer en la inmensidad de las laderas, al llegar a la cornisa el navegante opta por ascender, ve con cautela al otro lado, un manto de pasto delimitado por 3 piezas de granito custodiados por la densa sombra de siete cipreses y conjuntos de arbustos que en medio crean un claro oblongo. Agudiza los oídos, observa las laderas y su denso follaje.
Entra al claro, ubica su carga en un extremo, se dirige al borde del follaje e inspecciona, al verse seguro regresa al claro y se recuesta, antes de entrar al reino fanés le extraña el cambio en el aire, ligero, fresco ante todo... semi seco.



El viento levanta lentamente el cabello azabache del navegante, respira profundamente y suavemente, abre los ojos... algunas gotas aun permanecen la capa con la que se cubrió en medio de la noche anterior, aun recostado mira al extremo, observa enjutos los escudos y el fardo, mira las hojas en movimiento, entre dejan ver el color del cosmos e intermitentes estrellas, el perfumado aliento de la cordillera mece al navegante.

Se ladea, con la mano toca el pasto, aprieta el puño y ase pasto, al levantarse suelta el pasto. Se acuclilla cerca de los escudos, los coloca en la espalda, se aproxima al borde

miércoles 9 de septiembre de 2009

El deseo sin Luz

La noche de este día te encuentras ansiosa, a la espera de que llegue el momento de ver a ese niño maravilloso que tanto amas, sin embargo, han transcurrido varios días de su último encuentro. Quieres comértelo a besos decirle cuanto lo extrañabas, cuanto te ha hecho falta, sin embargo, él te dice “estoy cansado”, prefiere descansar, tu triste te quedas pues esperabas tener una noche fenomenal y así poder completar tu día con una noche llena de pasión y deseos, pero esta se vino abajo, quedas triste y un poco inquieta pues deseabas con todo tu ser esa noche.

Prefieres dejarlo descansa e irte a otra habitación. Alejarte, te ayudara a pensar mejor y a no incomodar su descanso.

En la noche, se oyen los truenos se anuncia la lluvia y eso hace retumbar los ventanas, en breve lo único que se oye son las gotas que chocan contra la ventana. De pronto un estruendo se oye, la pequeña lámpara parpadea hasta que finalmente la electricidad desaparece y quedas en penumbras.

Te espantas un poco pues no te gusta la oscuridad. Buscan a tientas una lámpara, te diriges a la ventana. Notas que tu casa es la única que está en penumbras, eso te hace dar un zapatazo y tu mente te dice “si corre, ve a cambiar los fusibles”, eso te pone de nervios pues con la lluvia seguro te dará un toque y no sabes que hacer. Finalmente llega a tu mente el pedir ayuda a algún vecino o despertar a esa persona tan especial para ti, pero no, recuerdas que te dijo que estaba cansado y que necesitaba dormir, no puedes interrumpir su sueño, pero, lo dudas un poco pues al verlo recostado sobre la cama semidesnudo tienes pensamientos atrevidos y al aparecer él no los tiene, bueno, no al menos contigo en ese momento.

Decides que no tienes otra opción más que salir de tu casa y cambiar los fusibles; tomas la bata, una sombrilla y vas afuera. Al escuchar ruido él se despierta y comienza a hablarte, primero despacio, después casi grita ante la ausencia de respuesta. Corre hasta la puerta y te mira un poco mojada con cara de asombro, la lluvia es tan tremenda que parte de tu bata se ha mojado, el frio intenso hace estremecer tu cuerpo y este se acentúa en el pecho.

El sorprendido, te pregunta “¿Que paso?”, le explicas la situación a lo cual él contesta “Cambiare el fusible, solo voy por herramientas y estoy de vuelta”. Por su sorpresa no se dio cuenta que seguía bajo la lluvia en el marco de la puerta, al darse cuenta dice “perdón, entra, pescaras un resfriado” se retira de la puerta para que puedas entrar. Temblorosa entro y el agua gotea por mis mejillas y temblando de frio me ofrece una toalla, toma la sombrilla, nuestras manos se rozan, nos miramos un momento sin decir nada. A la mente llegan imágenes llenas de tabu.

Finalmente después de un momento reaccionan y comienzas a secar tu rostro, sacudes el cabello, con el movimiento de tus manos, tus senos se agitan pues no llevas el sostén. Los senos exigen compensación por el frío causado por su descuido. Él te mira y ve como tus senos se bambolean de un lado a otro. Esta petrificado y no te das cuenta, poco apoco se acerca, se coloca frente a ti y sigue sin despegar la mirada de tus senos.

Reaccionas y al mirarlo te quedas sorprendida. Tiene esa mirada de deseo animal que se provocan mutuamente, sin saberlo unen sus labios en un beso tierno pero lentamente sus lenguas inician una danza en ella se entrelazan y rozan con mayor intensidad. Las manos no se detienen y comienzan a acariciarse.

Te rodean por la cintura con los brazos, te atraen. Tus manos se aferran a su cabeza y juegas con su cabello. Sus dedos recorren tu espalda y siente la humedad de tu bata. Lleva sus manos a tus senos y comienza a tocarlos, sintiéndolos, siente ese pezón erecto y firme por el frio... pero ahora es diferente, él ha reaccionado al sentir el toque de sus dedos en ellos. Con suavidad hace a un lado la tela y deja finalmente tus senos libres, se retira, los contempla sabiamente. No espera mucho para que sus labios se incrusten en ellos y comiencen a besarlos y chuparlos despacito, dándole pequeñas mordidas suaves. Toma tu carne entre sus manos, tú has cerrado los ojos y muerdes tus labios al sentir como su lengua toca cada uno de tus pezones.

Mete la mano entre tu bata y acaricia tu trasero, la carne fría por la lluvia, la frota, la acaricia y poco a poco cambia de temperatura, tus manos no se han quedado quietas pues también toman su nuca acercándolo cada vez más a tus senos, es tanto el deseo que quieres se funda con ellos y que el amor no termine nunca. Una de tus manos llega a su espalda y la acaricias fuertemente clavándole un poco las uñas.

Te mira a la cara, en el rostro de los dos se ve el deseo y pasión por sentir sus cuerpos. El desata poco a poco la bata y finalmente queda en el piso mira tú sexo, cubierto por una pequeña selva oscura. Acerca los labios y besa tiernamente tu boca, recorre cada espacio de tu cuerpo, explorándolo lentamente. Siente tu piel, tu aroma, se está embriagando con tu perfume. De pronto se acerca cada vez más te recuesta en el piso acerca ya erecto su pene a tu vagina, comienza a rozarla a tocarla a hacer movimientos y sentir como se moja, todo lo que provoca ese momento y poco apoco tu botón se pone duro y un leve gemido se escapa de tus labios al tiempo que los muerdes.

Toma una de tus pierna y la eleva un poco, desea tener mejor posición y ahora su pene se ha aventurado y tiene una danza con más energía y dedicación, chupa y besa tus pezones, mientras introduce su pene en tu ser y tu gimes en cada una de sus caricias.
Tus manos frotan su cuerpo y lo acarician despacio, sus manos también se unen al festín y se mueven por todos lados, una mano frotando tu trasero y una mano llenándose de tus líquidos y poco a poco se abren paso entre tus labios y se pierden en tu ser. Tú suspiras y gimes al sentir eso y ahora sus dedos te ofrecen un placer tremendo. Tú mueves tu cadera en círculos para tener mejores sensaciones y un gemido más fuerte de tu boca se escapa el cual se mezcla con el trueno que surge del cielo.

Tus jadeos aumentan tu cuerpo se extrémese, tus manos descienden y presionan con gran fuerza su rostro a tus senos, no quieres que se despegue para nada, pues el placer aumenta en cada caricia y eso te esta enloqueciendo. Ahora también pides que no pare y que aumente sus movimientos, tu gimes y en momentos casi gritas al sentir como te penetra. Tus manos presionan con mayor fuerza su rostro, y finalmente tu cuerpo se tensa y en un grito ahogado llegas al placer máximo y divino dado por él, el cual te deja inmóvil por unos momentos y poco a poco le sueltas y se incorpora. Se miran y se besan tiernamente y se abrazan.
Después de unos momento se separan, y al mirarse no saben que decirse, tomas tu bata la pones por encima sin atarla y subes a tu recamara, te siente culpable porque él no quería estar contigo esa noche.

Sin embargo, te recuestas y quedas profundamente dormida, llevando en tu mente lo maravilloso y placentero momento que pasaste.

De: Adriana

Para: el hijo del mar verde
que no es mas luz cuando
pierde lo intangible

1200 metros (borrador)

Detenido un instante por mis sórdidas ideas contemple la fiesta ante el sol de la tarde, claro, majestuoso, enmarcado por un cielo casi azul verdusco (una coloración bastante extraña si me detenía a mirarlo fijamente) en mi abulia nombre tres mesas y vi ordenadamente sentados a mis primos por rango de edad, sus vástagos fungían como signos de puntación entre silla y silla.

Se vuelve divertido pensar que hace un par de años me dedicaba los fines de semana a cuidarles, en ocasiones las fiestas servían de patíbulo para mis sobrinos(as).

Camino entre las mesas saludando a mi familia

-Vainilla! >dijo mientras extiendo los brazos y me inclino un poco- ¿Cómo estás?

-Chocolate> responde Julieta, mientras me abraza por el cuello y me saluda de beso- ¿Bien y tú?

-Digamos que solo bien, ¿tu hermano?> pregunto mientras veo sus delgadas piernas, parece ahora que ha pasado una eternidad cuando la veía agarrada de los inflables mientras se lanzaba al vacío pero a fondo conocía la textura del pasto.

-Sentado con Luis> responde al tiempo que ve a Angélica y con movimientos de cabeza sigue la conversación que mantenía con ella en el momento de mi arribo.

-Voy a saludarlo> -Esta bien> me dirijo a la mesa próxima, veo como montañas las siluetas a contra luz- ¡hola!> pronuncio mientras extiendo el brazo y recuerdo a Muhech cuando emula el saludo de las niñas emperatrices de los concurso de belleza (es increíble que se pueda sintonizar eso en televisión) y la imito, risas cómplices surgen de la garganta de Claudia, lulú me corrige a la distancia en el modo correcto de dicho saludo, divertido la imito…
Continúo mi trayecto veo a mi sobrino entre...


Camino por el pasillo, subo por el cubo de las escaleras, ando por el blanco pasillo que se expande y torna en una sala de casi blancas vestiduras, de aire ochentero, el tono chocolate delimita la parte interior que se sujeta al piso con patas curvas de acero inoxidable, el marco translucido tras el sillón más largo me recuerda el majestuoso sol de invierno, las casas de enfrente me recuerdan a este, cuando sale por las montañas matutinas del Valle.

Una ligera perturbación del sueño estival me habla al oído, casi me hipnotiza el cono volcánico que al viento lanza material en tres direcciones como fuegos de artificio, el cielo cambia rápidamente de colora morado, ocre y rojo, un hecho casi extraño(pienso mientras doy media vuelta) veo a mi hermana con su esposo, tomados de la mano mientras contemplan el espectáculo cuchicheándose.
-¡Mama!> grita mi hermana tratando de contener su espanto


Sonidos extraños provienen de la calle, camino con sueño por el pasillo en dirección al cuarto de mi hermana, entre tanto me tallo el ojo izquierdo, abro la puerta, me parece una alucinación los que veo pasar a través de las 4 ventanas (dos dan de cara al norte, dos más al oeste) partículas verdes que acompañan a una mayor cantidad de partículas guindas, marrones y moradas, pasan por el vidrio cerca de la mitad del mismo para caer al pesar tanto como el plomo, a eso le llamo densidad. Hay algo más que llama mi atención, hay partículas del mismo tipo y coloración que pasan por los muros norte y oeste pero estos pasar casi al ras del techo y desaparecen al pasar por este.
Por un momento parece que no todas las partículas caen, veo suspendidas en el aire partículas m, el instinto me dice que al abrir las ventanas se despejaran, me agazapo y repto hasta cada una de las ventanas contando los segundos que tardan en pasar para evitar ser tocado, un extraño cosquilleo inunda mi pie, en la segunda ventana, al llegar a la cuarta ventana la abro y volteo a ver si mi teoría es cierta… me equivoco y un sabor metálico me invade, un peso enorme inunda, siento como pierdo la fuerza, con las últimas fuerzas repto y me agazapo fetalmente en un rincón.


Los vecinos que habitan en la acera frente al lado oeste salen ruidosamente -¿Qué pasa?> pregunto mientras veo a mi madre en su cama como borracha de sol, mi padre duerme de lado, me aproximo a la venta que se encuentra en el muro este (es un ventanal que abarca casi todo el muro pero tiene divisiones casi individuales) la abro y veo al vecino, con toda su familia, su casa tiene un característico café ocre en los muros, detalles en café capuchino, el zaguán abierto de par en par mientras cargan sus pertenencias en el Ford Focus negro, lentamente le reconozco, veo a su hija mayor (la cual pone cara de what? cada que me ve) en la acera de mi casa, cambio de dirección y observo por un instante a su pedante y atractiva esposa junto a su camioneta negra. -¿Qué pasa?> le pregunto, recapacito en mis modales. –Buen día vecino, ¿qué pasa?> parece q solo escucho la primera pregunta.
Mi padre se ha levantado instantes antes, abre la ventana, se asoma y dice: -Buen día> con un ojo casi cerrado y sujetando la ventana. -Sucede que… > Mi madre se despabila mientras se levanta y mira a través del muro cristalino -Buen día también> responde el vecino- sucede que han anunciado que Nueva York está bajo 1200 metros de agua>

– Pues sí,> grita mi madre tratando de interrumpir - ya ve que ayer> al gritar se da cuenta que no la escucha pues este hace un gesto de interrogación, mi madre cae en cuenta que tiene la ventana cerrada, la abre.
Parece que el calentamiento global se ha venido con todo, pienso mientras escucho al vecino.
-Ya ve cómo se siente la humedad, antes teníamos clima seco y húmedo, de hecho están lo primero que están recomendando es que uno se bañe y ya sea mientras o después que se corte, se rasure, vamos las medidas higiénicas pues, > pareciera una alucinación la que viví ayer al ver el cono volcánico, veo que el vecino mira a mi padre mientras le cuenta los hechos que sabe, miro lentamente por el perímetro noreste de la propiedad del vecino, mis ojos continúan su trayecto dirigiéndose un poco más al norte, hacia la calle que delimita nuestras casas por el norte, hay un resplandor en el pavimento parece el reflejo del sol en el agua, parece que los muros del valle nos han salvado, pero no creo que resistan mas, solo estábamos a 1150 metros sobre el nivel del mar…


viernes 28 de agosto de 2009

Ensayo sobre la memoria.

El sol lentamente anuncia el inicio cuando se filtra por la ventana, el habitual amarillo adquiere una mayor saturación, cambia de intensidad y se siente más temerario al llegar a rincones excesivamente inhóspitos de la habitación.

La delicada silueta del monte toma consistencia y textura, con discreción las tonalidades verde agua emergen y acaparan los reflejos de la habitación, en el techo, las vetas de la madera gritan de calor. En su ausencia, casi inocente los ojos de madera nos muestran nuevos caminos, que se cuentan en pares o en solitario como pretexto ascendente. Oh! aves que emergen, cambian y giran por los estantes y paredes, no obren de buen modo que nuestra vergüenza causa asombro.

Cansados mis parpados guían mi mirada en una espiral sin sentido, casi negra. Mi cuerpo como fiel peregrino consecuente a su pastor, desciende y se amodorra. La cálida mano estimula los poros de la mía, en nocturna ausencia mis ávidos dedos emprenden la inexorable búsqueda de fuente de aguas matinales, quizá beban de ella y derramen por su trayecto el roció para nuevas aves del paraíso o acaso rieguen floridos pabellones en las intermitencias. 

Con breves espasmos se estremecen mis recovecos se incineran mis deseos y en un acto asfixiante mis pulmones se contraen al borde del colapso por el alarido silente de mis ojos al verse presa de los Avellanados fanales, el miedo iridiscente a los ojos de la melancolía se esparce por el aire y nos recuerda una promesa nunca más olvidada, siempre presente como objeto de los anhelos, en un mar de in-pertenencias.

 

Como un rumor, oigo en la almohada el latido de mi propio corazón.


Dejo de contar las lunas, levanto mi perfil y reconozco el silencio, con paciencia siento las hermosas plumas, que llevan su canción con la primera estrella al amanecer. Remota y distante te siento mientras enredo los hechos con el signo de premonición en tus calles, avenidas, plazas y carreteras. 

Siento distante tu ardiente pecho, mientras distiendes dedos filigrana y tersos brazos. Tu cantante aroma sigo a través de la habitación, recorro la cortina (mi alma pide mas) mi mano le persigna,  abre la ventana para darle libertad. Cierro la ventana, giro el cuerpo e inclino la cabeza buscando tus cabellos, reconozco la naciente espalda tras la sinuosa cordillera,  nombro los colores que te componen mientras nuestros músculos se unen.

Un  prolongado beso en la base de tu cuello, sirve de entrada a la tierra que tiembla.  

martes 4 de agosto de 2009

Días como estos

Detesto el martilleo constante que me dice "por favor no me olvides... soy una tarde de enero, por favor siente mis latidos, cuando andamos de la mano en las calles de enero, cuando me hablabas y en un brazo tus labios me dabas, o amor no olvides los eneros, por favor dame tu aliento..."

o recuerda el carmesi
o recuerda la turqueza
o recuerda aquella marea

o el viento soplaba en mis manos
o el inverso de invierno
se aproxima un verano


cuando ando bajo este sol estibal solo el repiqueteo de tus palabras hace que mis impulsos salgan aflote y que desgaje, en automatico tratando de repelerte, sin asentir, ni llamar a la puerta de mis añoranzas y miedos.

guardo tres palabras... en esta histeria...