viernes, 22 de julio de 2011

Un bodegón de melones


Avanzan por una calle de amplias aceras, cobijada por las grandes ramas de los arboles, frescos y altos, como guardianes que han cambiado de turno, sus troncos surgen de la tierra, se abren paso rodeados por jardineras inmensas que contienen pasto, flores y en algunos casos arbustos bajos como anillos que les resguardan. Sin embargo la sombra producida por estos árboles en muchos casos proviene del interior de las propiedades que bordean las banquetas. Como un golpe de claridad desaparecen los postes telefónicos o de corriente eléctrica, así no alteran el delicado balance, ni ponen en peligro la integridad estos gigantescos pulmones.

En algunos sitios la luz se filtra, en muros o a media acera antes de difuminarse en el continuo movimiento de las hojas. Avanzan extasiados por el aroma, la pureza del aire y el escaso ronronear de los autos, de cuando en cuando se encuentran con algún transeúnte o con un ciclista entrado en años que saluda amablemente con un- Buena tarde – se sincera Nay- jamás había venido a esta zona.

Entran a un museo bajo de color blanco, parece ser una casa al estilo de Schudeman de finales de los 70´s, con amplios ventanales por lado, al interior mamparas blanquecinas delimitan el espacio a modo de laberinto el cual pueden ser renovado en unas horas por 6 personas.

Los colores y las luces se difuminan, es este laberinto de mamparas impolutas que sujetan algún bodegón de vivas y tensases frutas que gritan desde las paredes- Me siento en el mercado – confiesa en voz baja Nay- ya me dieron ganas probar de una ensalada de frutas con chile piquín y limón. En la mampara de entrada hay un bodegón con sandias.

Extrañado Alex la mira dudando, ella lo toma del brazo, lo jala con suavidad para que vea a un costado de la mampara, en el fondo se forman tonos ocres, las piñas que reposan en la mampara se ven vivas, brilla su humedad, parece que son un manjar en medio del desierto.

Lo empuja un poco y ve un efecto extraño, mira al mismo tiempo la mampara de la entrada y el fondo del laberinto. Asombrado la mira, ella lo toma del brazo nuevamente invitándolo a pasar.

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