jueves, 8 de mayo de 2014

Fragmento

El olor a comino, canela y café navega por el aire, hasta anclarse en las papilas gustativas hasta sofocar cualquier otro aroma. El piso de madera rechina un poco bajo su suela. Al fondo, se ve una ventana con mosquitero y cortinas  que van de piso a techo color guinda, a su lado derecho hay una silla que está cerca del tocador; robusto hecho en madera maciza.
Se quita el bolso bandolera para colocarlo en el asiento, continua recorriendo con la mirada la habitación. Al centro de la habitación, delante del baúl la alfombra es afelpada de color beige, encima de la cama hay  un edredón liviano de color blanco que tiene un par de almohadas blancas con un grabado en lavanda que se asemeja a un trazo sutil  hecho  a mano. Se recuesta en la mano, al tiempo que se quita el calzado empujándolo hacia afuera a la altura de los tobillos con el dedo pulgar, extiende los brazos y las piernas, siente el sopor de la noche, cierra los ojos por un momento en medio de esta dualidad de emociones, la luz se desvanece completamente, siente como se desdoblan sus preocupaciones, cambian de forma, se extienden hasta sus extremidades, en sus manos cambian de consistencia, entran por sus venas, siente su viscosidad entre sus dedos, siente como golpean el edredón con su peso, se detienen hasta cambiar de consistencia y escurrir por los costados,  
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