viernes, 1 de abril de 2011

Alexander....U2

2.
Alexander
U2

Pasan de las 11:35 am, mientras recorro el reluciente vagón articulado de la línea 2 del metro entre aromas brillantes y sonidos que pasan como sombras, en cada estación se asoma un vendedor por la articulación sustituyendo al que se acaba de ir, hemos pasado Chabacano a la sombra de algunos edificios anegados por los comerciantes, lentamente las casas se vuelven inhabitables por la necedad de los vendedores de ser amos y dueños de un espacio público tras una larga charla y unos cuantos pesos en la mano de sus líderes, es posible que al mencionar su nombre se persignen como al inicio de un partido de la selección mexicana de futbol soccer.

A estas horas de la mañana emerge la imagen opaca de la ciudad, en el aire su aroma a lastimera comerciante de caricias ansia mi regreso para succionarme la vida, miro al oeste mientras exclamo- ¡hoy no!- para mis adentros.

De algún lugar remoto se escucha a bajo volumen el sonido inconfundiblemente de la versión de Yasuhiro Sugihara y Yoshiki para kurenai en Do mayor de interpretado en el Massey Hall, de Toronto. Es curioso escuchar una pieza de esta naturaleza, con nitidez a estas horas en las entrañas de este animal salvaje.

De entre los bolsillos suena mi impoluta mascota -suerte campeón- dice, exploro su mirada que me indica; sigues retrasado.

Recargado en un poste cercano a la puerta explora con la mano izquierda los bolsillos, encuentra una delgada cajita brillante, bajo el brazo derecho la chaqueta marrón descansa, entre los dedos se distingue la leyenda la sociedad industrial contemporánea, es la primera edición.

Una voz de rígida proviene de la entrañas de la compleja red de transporte colectivo, la cual le indica que tiene que descender sin demora en la próxima estación, sin perder de vista la cajita baja del vagón, se dirige a la salida, afuera el viento refresca su mirada, tras inspeccionar los alrededores guarda la cajita. Toma el microbús al centro de Coyoacan, toma asiento, una niña de ojos verdes le mira con una precisión quirúrgica quizá este acostumbrada a disecar insectos con sus hermanos mayores, a fuerza de repetición es probable que se convierta en un futuro no muy lejano en una veterinaria.

Baja del micro y recorre la plaza, son las 12:02 mientras avanza con su sombra a paso ligero, “quizá aun no llegue” piensa tratando de excusarse. A la sombra de la Iglesia de San Juan Bautista, mira el reloj 12:05, su mirada recorre lentamente las jardineras, sus dedos exploran el cuerpo de la mascota, lo acerca a su oído y dice -bueno-

Una mujer delgada sentada a la sombra de un álamo saca de su bolsa de mano un celular blanco como la nieve, lleva un jersey gris, unos vaqueros azul claro entallados y unos tenis blancos, tras unos segundos responde -¡hola! ya te vi- su cálida sonrisa se mezcla con el aire proveniente de los arboles hallados a su espalda, le hacen más radiante, como una brisa en medio del estío, se miran a los ojos y cuelgan.

Al levantarse aprecia su estatura, en una firme y serena postura erguida, la recorre con la mirada, ni un ápice de grasa se percibe bajo su ropa, el jersey recorre la delicada forma del busto, la resalta y embellece, en el cuello del jersey se distingue una blusa blanca de fina confección, un resplandor hace mire a sus ojos oscuros de los que brota una luz tenue, levanta la mirada hasta las cejas que fueron finamente talladas en obsidiana con una destreza magistral. Sombre su cabeza unos grandes lentes oscuros como conchas de mar adornan el lacio cabello que le llega hasta los omóplatos.

Avanza hacia ella. Se toma su tiempo para inspeccionarlo, usa una camisa blanca, la cual le queda ajustada, tras ella se distingue un torso ejercitado, al llegar a los codos reconoce el esmero que ha puesto en evitar las arrugas de la camisa, ha tenido el cuidado necesario para arremangar la camisa hasta los codos, lleva unos pantalones de lana café oscuro, unos zapatos de piel bien humectados, es un poco más alto que el promedio, su cabello le llega al cuello pero peinado hacia atrás le permite ver su rostro claro y un poco rojizo, las gafas de marco grueso cambian con la luz de negro a café y verde, se distingue una barba como un hilo de agua en el mentón, la cual se trenza ligeramente, cerca de la punta se percibe un tono marrón oscuro y a la luz se torna en rojo intenso.

Al acercarse ella examina sus ojos -Pensé que tardarías más- dice con mirada penetrante.
-ah! Disculpa- sosteniendo la mirada- no supe calcular el tiempo desde Metepec ¿llevas mucho tiempo esperando?
-Cinco minutos antes de las 12 llegue- dice torciendo un poco la boca
Duda un poco en responder –Mil disculpas, no tenía la más mínima intención de hacerte esperar- dice mirándola a los ojos como si estos contuvieran un halo intemporal matizado entre rosas y purpúreos tonos.
-No te preocupes- mirándole como si examinara concienzudamente un insecto translucido -me intrigo tu voz cuando te escuche ayer, para confirmar, creí que serias mayor y que me habías engañado respecto a tu edad, siento alivio al ver que es cierto lo que decías- como quitándose una losa de encima sin despeinarse.
-¿En serio?-un tanto sorprendido por el alivio que le causo- resulta ser algo común por más que desee huir de esa realidad.
-¿Por qué habrías de huir?, tienes bonita voz- dicho esto se detuvo a contemplar sus palabras como un paisaje lleno de color el cual en realidad no conocía su existencia.
-Gracias- pronuncio tratando de aparentar un poco de sorpresa, pero sin poder ocultar que le gustaba el cuadro.

Por el aire nadan aromas que invaden los trinos, danzan entre los arbustos se filtran en la clorofila, inyectan vida y con fuerza son exhalados, entre risas sonoras, cáñamo y ayoyotes* . Tal vez su memoria sea sonora y de ella emergen danzantes de otras épocas, amantes y tal vez diversas especies extintas, quizá la nuestra no sea distinta.

Recorren las jardineras cual dinámico escenario con tintes de carnaval, al cruzar la calle una niña no mayor a 1m de altura se acerca con su menuda figura, envuelta en harapos, con calzado roto, su rostro desnutrido aquí y allá tiene cicatrices que con el tiempo se han encimado, sin igualar la pigmentación original se forma una telaraña que surca el rostro de la niña de facciones finas.

Con ojos llorosos se para a un costado de Alex -deme para un taco!- demanda, la expresión de los ojos se parece a una luna de cartón que alguien puso en el cielo despejado
-No tenemos cambio nena- dice nay con voz dulce- al tiempo que se inclina tocando los muslos con la palma de las manos.

Ante la negativa se acerca a Alex y le toma del pantalón –andele!- parece que su mirada es un hilo que se tensa tanto que en cualquier momento puede romperse.
-Lo siento, no tenemos cambio- dice Alex sin inmutarse, la niña camina bajando la mirada, hace un gesto de marcharse, se miran a los ojos, como una briza la niña introduce la mano en el pantalón de Alex, quien al tacto se revela al sujetarla por el brazo.
-No insistas, no tengo cambio- con voz monótona.
Entorna los ojos, presta los labios para escupir, pero de entre la multitud aparece un señor, su sola presencia hace que la chiquilla se asuste y con un gesto de desesperación se zafa y corre para perderse como llego.
Publicar un comentario

Popular Posts

Like us on Facebook

Flickr Images