miércoles, 3 de noviembre de 2010

Turbios los sonidos gestan movimiento, el silencio aguarda, una réplica tiene lugar, el mundo se detiene. El aire transparente se exhala por detrás de la montaña, de golpe estrepitosamente se contrae, el aire se torna suave y rítmico, ahora solo queda la esencia.

Sin levantarse abre los ojos parpadea y con su mano derecha se cubre el rostro, mira a un costado y dirige la mirada a la parte más distal de sus micas. Las montañas a la distancia aun tiemblan, mientras, denso el aire juega en sus pulmones, cierra los ojos y todo se torna ocre.

El constante sonido golpea su rosado pabellón, graves los decibelios se detienen y reanudan sus andanzas, verdes las transparencias en densas humedades se matizan. Como un ciclón el ácido láctico emerge, sega y estirar el cuerpo no es opción.
El trino y las pisadas sobre las hojas languidecidas toman lentamente claridad y obligan a tomar conciencia de este inminente día, la diurna esencia, se regodea en el rocío; impregna la ropa y baña el andador

-Negar la existencia a distantes caminos nos conduce- observa una hoja llena de roció- pero negar la humedad solo me conduce un paso más cerca de ti- pronuncia mientras dobla e inclina la hoja.
Mira el dorso del pasto, gira el cuerpo hasta que el pecho rosa la hojarasca, inclina la cabeza mientras los risos ocres se concatenan, observa la violenta pintura llena de luz y color, como un sueño de mar, un sueño de sal que proviene de una memoria heredada. Ruega por las ánimas que sin sentido andan.

-ah… au, au, au,- contrae lentamente el hombro izquierdo en el cual ahora habitan hormigas, apoya los antebrazos, levanta el pecho y decide que aún es temprano para levantarse.
El sonido de la mañana aun regaña con severidad sus oídos, pierde el interés por la hojarasca, con calma se levanta mirando a los cuatro puntos cardinales mientras cae la hojarasca como copos de nieve.
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